Miguel Mena: "un sueño hecho realidad"

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Sentado en la biblioteca de su antiguo instituto (I.E.S El Convento) en la localidad gaditana de Bornos, en un día de lluvia, Miguel tuvo dos momentos de inspiración que dieron sentido a varias historias. La de ficción y la suya propia. Levantó la cabeza y observó unas vitrinas de cristal con el epígrafe "narrativa infantil" mientras abría su estuche en el que, además de un bolígrafo, guardaba un llavero con un muñeco del Athletic. Comprendió que podía empezar algo muy especial, dando rienda suelta a varias de sus grandes pasiones: la escritura, la pedagogia y su Athletic. Aquel que le inculcó su familia materna en casa. En Abril de este año vio la luz su novela "un sueño hecho realidad" y ocho meses después ya va camino de la tercera edición. Un auténtico exitazo teniendo en cuenta su difusión, en principio más local. La historia que nos cuenta es un guiño, un homenaje a su abuelo Curro "El Pichón" y a su madre, los verdaderos culpables de que su sangre sea rojiblanca. Su objetivo, sin el más remoto afán presuntuoso, despertar en cada niño que la lea la ilusión de cumplir sus sueños. Como lo hace Mikel, el protagonista, de la mano de su abuelo. Como lo ha hecho Miguel, el autor, publicando una historia en la que el sentimiento por el Athletic vertebra una admirable serie de valores educativos, deportivos, culturales y emocionales. La filosofía y la cantera como auténticos ejemplos de vida.


Miguel Mena es gaditano, de Espera. Tiene 26 años. Me cuenta que el Athletic tiene cada año "un título en sus vitrinas", el de jugar con gente de su casa. Esa filosofía que le transmitieron desde niño, que le llama y le atrae, tanto como para intentar transmitírsela a todos los niños del mundo a través de su obra. Miguel es un athleticzale peculiar. Anima y siente al Athletic sin haber pisado Bilbao, escribe sobre sentimientos experimentándolos con esa pasión inexplicable que sólo te da la distancia. Por eso se reúne con otros locos del pueblo en la Taberna "red house" (más conocida como "la bomba") para ver los partidos. Allí, detrás de la barra, su dueño -Curro, el tabernero- luce con orgullo de buen athleticzale botellas, escudos y hasta un ladrillo del antiguo San Mamés. Es su pequeño gran santuario. Para qué subir a Bilbao cuando lo disfrutan allí, en modo ambigú. Nunca faltan las banderas, las camisetas rojiblancas y unas cuantas cervezas para entrar en calor, como si del poteo de Pozas se tratase. La que debieron preparar cuando la SuperCopa contra el Barça. "Fuimos a celebrarlo a un monumento del pueblo llamado "el jornalero", una estatua de un señor que sostiene una hoz en sus manos. Le pusimos la camiseta del Athletic y la bandera hasta el día siguiente". Piel de gallina. Gaditanos de pura cepa celebrando en la plaza de su pueblo un título de su Athletic, qué mejor inspiración para la novela. Para muchos, aquella SuperCopa fue el mejor premio a la fidelidad durante tantos años difíciles allí donde nunca fue fácil ser del Athletic.


El sueño hecho realidad de Miguel, darle forma desde la ficción al sueño de muchos aficionados del Athletic que han nacido donde han querido -como buenos bilbainos- y animan con el corazón a miles de kilómetros, se entremezcla con el de sus personajes. Mikel, el protagonista, aparece en la portada con el dorsal número ocho (el de Julen Guerrero, me confiesa Miguel), con una pelota bajo el brazo de color verdiblanco (símbolo de su Andalucía natal) y con el monte a lo lejos como metáfora perfecta de que es posible mover montañas para cumplir los sueños de la infancia. Miguel sueña con cumplir el sueño de Mikel. Disfrutar en persona del Athletic, de Bilbao y de Lezama; por lo menos con la misma intensidad con la que lo lleva soñando tantos años. Pero la novela también nos cuenta otros sueños, como el de muchos abuelos dispuestos a cualquier sacrificio personal con tal que su nieto juegue algún día en su Athletic del alma. Miguel guarda como oro en paño las camisetas de Iturraspe con el ocho a la espalda de su admirado Julen Guerrero y la de San José, ésta última con el dorsal número doce porque se equivocaron al mandársela, explica. Su hermano, en cambio, luce la de Aduriz. Símbolos de una generación. Ojalá el Athletic siga cumpliendo el sueño de tantos embajadores suyos repartidos por el planeta, ojalá todos los descendientes de peñistas y aficionados rojiblancos se lean esta novela. La que cuenta y sueña Miguel, un gaditano que ejemplifica a la perfección cómo ser del Athletic y cumplir tu sueño. Miguel, nos vemos por Bilbao pronto, así terminas de cumplir el tuyo.

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