Dani García: balones fuera

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Zapatero a tus zapatos. Hay profesionales del mundillo balompédico local que, lejos de diferenciar el charco que les compete y el que no, insisten en mezclar churras con merinas. No entienden, o tal vez ignoren por capricho, que un periodista haga su trabajo, por ejemplo valorar y analizar lo que sucede en el terreno de juego, y saltan al ruedo periodístico -como pollos sin cabeza y sin guionista autorizado que les escriba- siempre que les interesa conectar el altavoz para denunciar o reivindicar lo que les plazca con ánimo de revancha. No son mucho de respetar a los del "otro bando", pero aplican la demagogia y el utilitarismo más básico para su propio beneficio cuando hacen declaraciones delante del micrófono o por teléfono desde casa. Ya salió Muniain a reprochar en público un titular de un artículo, probablemente no leído, en el que se concluía que actuando en banda derecha estaba fuera de sitio, que no lo encontraba con Garitano. No sólo fue de lo más acertada la observación del periodista, sino que no hay más que ver al navarro jugando por dentro, si hasta marca goles. Asesores con alma periodística. Algunos futbolistas reclaman su derecho a ejercer de malos periodistas, entendiendo la profesión como un espacio donde rajar y devolver zascas de tercera. Los más vocacionales acaban en tertulias y programas de radio. Si el enemigo paga y paga bien, no es tan fiero ni desalmado. Los menos duchos en conjunciones y subordinadas se gradúan en redes sociales entre bloqueos, broncas absurdas e insultos varios.


El hilarante caso de Dani García va ya por el tercer capítulo. Empezó en una zona mixta en Madrid, respondiendo -una semana tarde- a la enésima estampida de socios antes del término de un partido en San Mamés. Dani disparó a discreción, sin atender a razones personales, en un "totum revolutum" que no entendía de congestiones de tráfico, retenciones, pésimos horarios, ni servicios de transporte público deficientes. La dudosa empatía de quien vuelve de los partidos en bicicleta porque vive a dos pasos de San Mamés y al día siguiente madruga poco. Su rajada no quedó ahí. Hace unos días, en la radio pública vasca, añadió: "todo el mundo puede opinar de todo sobre cada futbolista y yo no puedo opinar prácticamente de nada. Cada vez que opinamos de algo que no es lo común se saca de contexto". ¿Quién y de qué manera coarta la libertad de expresión de Dani García?. Resulta paradójico que se queje de tal cosa un futbolista que apenas lleva un año en el Athletic y desconoce por completo la histórica forma de ser de una afición centenaria en permanente y heterogénea evolución. Igual lo desconocemos y es muy frecuente que en cualquier otro club un recien llegado se envalentone tanto como para criticar a su nueva afición al calor de cinco resultados malos. A ver, no me suena. Pero no importa, Dani denuncia que no puede opinar mientras opina. De repente, a algunos les entran unas ganas locas de hablar de lo que no les compete. Ya se sabe: cortina de humo, oportunismo. ¡Qué innovador todo!. Así tampoco nos parecemos al Valencia, ¿eh Dani?. Como cuando Muniain protestó por el cambio del club en sus "comunicadores" oficiales o por el desacuerdo con Susaeta. ¿Cuántas otras mangueras estarían dispuestos a pisar hablando por fin "de todo"?. Descartamos las de sus compañeros, claro. No son libres para hacerlo. No les dejamos.


Apenas dos días después, Dani García volvía a hacer gala de su falta de libertad de expresión. En Lezama, ante los malvados periodistas, alegaba: "ya vimos el cambio que dio la afición, el año pasado, de la primera vuelta a la segunda, en el que cada partido en San Mamés era una fiesta". ¿No fue el equipo el que cambió?. Tal vez no le hayan contado a Dani sus compis, de los que toma notas con fruición, los recientes cambios en un sector de la grada, los que vendrán en un futuro, así como los muchos y muy enquistados problemas de comunicación durante años de la directiva que le contrató con socios y sectores "de animación". Todos debatiendo sobre el cementerio en el que se ha convertido San Mamés y para Dani esto era una fiesta. Dijo más: "no soy nadie para criticar pero mantengo lo que dije, ese apoyo en los últimos minutos nos daría un punch". Hay dos noticias: una buena y otra mala. La buena es que sólo necesitan más apoyo en los últimos diez minutos, al parecer la fiesta dura ochenta y todos sin enterarnos. La mala es que se contradice intentando matizarse a sí mismo. Es lo que tiene el charco, que el primer salpicado eres tú. Al final resultará que la crisis de juego en el centro del campo, por donde anda Dani, es culpa del socio que se va en el minuto ochenta. Claro, por eso largaron a Ziganda y a Berizzo, por culpa del socio cagaprisas. Son impagables los sesudos análisis de los que modestamente saben de todo. Acláranos la duda, Dani. O no te dejan opinar o no eres nadie para hacerlo. No valen comodines. Por cierto, que de autocrítica futbolística cero. Esto sí que es "lo común" y no lo sacamos de contexto. Hay que ver lo rápido que aprenden los nuevos el argumentario más macarra del vestuario. Si usted no rinde o no cumple objetivos en su trabajo, la culpa es del que se va antes de la hora y del que no le anima. Necesita "un punch" para acabar su jornada laboral y no lo sabía.

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