Operación salida

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"No quiero tener a un joven sin jugar. Si vemos que no van a ser protagonistas con nosotros, lo mejor es que se busquen minutos para que vuelvan más rodados. Para tenerles en el número veinticuatro de la plantilla prefiero que se rueden". Son las explicaciones de Garitano, entrenador del primer equipo del Athletic, acerca de su política de futuro inmediato con unos cuantos cachorros que han hecho la pretemporada bajo sus órdenes. Más bien se trataba de un secreto a voces. Entre que la plantilla heredada -en Diciembre de la temporada pasada- era más bien excesiva, y que el bloque principal con el que cuenta Gaizka está bastante consolidado, no iban a ser necesarios muchos entrenamientos para dilucidar la suerte de algunos meritorios. Así lo volvió a dejar entrever hace ya unos días: "tengo pensado más o menos la gente que se va a quedar, también el número. Les quiero ver un poquito más. Hay bastantes partidos y vamos a esperar un poco más. Lo tenemos en mente". Es la historia de todas las pretemporadas. Quien más quien menos, cualquier entrenador que se precie parte con unas ideas previas, una serie de intuiciones preconcebidas que acaban resultando cuasi imposibles de reconducir en unos días de concentración. No digamos si además controla el percal. Para la mayoría, la suerte suele estar echada desde Junio y sólo es cuestión de tiempo que la dirección deportiva o sus agentes les encuentren una salida. Generalmente todo empieza con una cesión.


En la temporada 2014-15 fue el caso de Unai López. Subió al primer equipo de la mano de Valverde para convertirse en uno de los muchos aspirantes sin éxito al casting a la mediapunta que el técnico extremeño montó durante buena parte de la campaña tras la salida de Ánder Herrera al United. Beñat, con quien a día de hoy parece competir por un puesto en el once de Garitano, fue uno de los mayores damnificados, condenado a alternar esa mediapunta y el banquillo durante muchas jornadas. Unai López Jugó poco aquella temporada, muy poco. Terminó la Liga como el vigésimo primero de la plantilla en minutos, lo que traducido al libreto de Valverde y sus grupitos de confianza se traduce en una serie de minutos de la basura. Algunos en posiciones totalmente contrarias a su potencial como en banda derecha por ejemplo. Su promoción se había convertido en otro fiasco y volvió otra temporada a Lezama con el filial. Fue titular, participó activamente en el Bilbao Athletic de Ziganda, pero un año después seguía sin tener sitio en los planes de Valverde. Dos años de cesiones, al Leganés y al Rayo, le devolvieron a casa. Berizzo pareció su mejor valedor. Aquella propuesta, aquella fe inquebrantable. Para la segunda jornada en Ipurúa todo se fue al garete. Un año en blanco y a volver a remar. El eterno ejemplo de lo que nunca debería ocurrir, y menos aún si se trata de un jugador de Lezama en sus primeros pasos en el fútbol profesional.


El caso reciente más paradigmático ha sido el de Iñigo Vicente. Dos temporadas completas con el filial y unos minutos en esta pretemporada han sido suficientes para que cunda el desánimo y la decepción entre quienes exigían su salto al primer equipo sin condiciones. Vicente no tenía sitio. Muniain y Córdoba están por delante para la misma posición en la que, en ocasiones, se prodiga también Berchiche y a la que desde hace semanas parece optar Robert Navarro. ¿De qué le serviría a Vicente quedarse en el primer equipo para jugar poco y de forma muy residual?. Nada tienen que ver los casos de Julen Guerrero, Etxeberria o Muniain. Heynckes llegó para revolucionar el club, Stepanovic fue una pesadilla y Caparrós se encargó de sacar al club del agujero de un triste bienio. ¿En qué profundo cambio entraría Vicente?. La sensación, escuchando a Garitano cuando afirma que ya cuenta con un bloque hecho que sabe a lo que juega, parece más bien todo lo contrario a aquellas otras épocas de "susto o muerte". Hoy hablamos de dar continuidad a una segunda vuelta de númeos brillantes y asentar conceptos con los que ya estaban (excepción de Larrazábal por Susaeta) para ir puliendo unas cuantas puestas en escena un tanto improvisadas debido a las urgencias del momento. Vicente, Villalibre, Sancet y Vivian tienen que jugar, todos los Domingos y seguir su formación. Aprovechar sus cesiones, madurar y regresar con tablas mientras unas cuantas supuestas leyendas apuran sus excesivos contratos. Salir y aprender nunca será una decepción si el rendimiento y la progresión lejos de Lezama auguran más realidades que fantasías para el billete de vuelta. Clubes, técnicos y jugador serán corresponsables del éxito o la agonía de otra promesa congelada.

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