Cláusula o compromiso

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Cuatro futbolistas del Athletic, cuatro formas de actuar. Cuatro emblemas habituales en el once titular, cuatro argumentos para renovar sus contratos. Desde que Urrutia abrió el melón de los contratos sin precio, verbalizando lo que definió como un sueño personal en el que -en su Athletic ideal- no hiciera falta poner un precio de salida sobre un papel porque la palabra y el deseo de permanencia indefinida serían lo principal; desde entonces el vestuario se divide entre los adeptos a las tesis del expresidente y los partidarios de añadir ese "concepto" desde la negociación. Una supuesta muestra de cariño y compromiso hacia el club con la que avivar, todavía más si cabe, el fuego de la demagogia que abrasa unos cuantos discursos. Una sibilina fórmula con la que señalar a tus propios profesionales, de ponderar sus amores para con el Athletic, siendo mucho más apasionados los "sin cláusula" y mucho más descastados los que "se abren una puerta de salida" por contrato (incluidos los forzados a aceptar cláusulas salvajes para renovar). La misma puerta que Urrutia nunca supo cerrar del todo cada vez que los ricachones volaban por debajo del radar de la decencia y la ingenuidad local. El sentimiento y el amor por los colores a disposición de profesionales imprudentes y aficionados movidos desde las tripas. ¿Qué podía fallar?.


Muniain fue el pionero. "Quiero ir de la mano del club hasta el final. No quiero estar en el mercado, quiero permanecer aquí. Mi palabra vale más que lo se pueda firmar. Mi intención es que sirva de precedente para los chavales". Eso sí, añadiendo como nota de página que "cada uno puede hacer lo que crea conveniente, eso no quiere decir que esté más o menos comprometido". Williams, su hermano, había pasado por Ibaigane diez meses antes desconociendo el sueño de su presidente: "quiero hacer historia en el fútbol y para eso no hay mejor sitio para estar que el Athletic. Me gustaría que la gente que viene por detrás me tome como ejemplo porque el Athletic es único y está por encima de todo". En su discurso aparecen el agradecimiento, los halagos al club y una generosa dosis de individualismo, pero ni rastro del compromiso indefinido que recomendaba su presidente. Cláusula de 80 millones hasta 2025. Urrutia lo deja. Elecciones. Cambio de directiva. Yeray también renueva, y con cláusula. 70 millones. En su escueto discurso antitiburones afirma: "ni me ha llegado nada ni he pensado nada, tenía claro que quiero seguir aquí durante muchos años, hasta que me aguante el cuerpo". Dos días después turno para Raúl García. El navarro recupera parte de las esencias de Urrutia y Muniain: "es para demostrar el compromiso de ambas partes, soy persona de palabra, cumplo todo lo que digo, vale más eso que una firma o un apretón de manos". Y repite:"es un gesto de compromiso". Como si incluir claúsula de rescisión fuera propio de gente sin palabra, como si cualquier contrato no se firmase para su estricto cumplimiento, como si no ponerte precio y firmar por un año fuera más "ejemplar" para jóvenes canteranos con agente y ofertas continentales.


¿Hasta qué punto es relevante poner o quitar una cláusula en un contrato?. Muniain reconoce que quiere estar hasta el final, Williams que no hay sitio mejor que el Athletic, Yeray que quiere seguir muchos años, Raúl García que está comprometido con el Athletic. ¿Qué ejemplo le pueden dar jóvenes multimillonarios al futbolista de cantera?. Para algunos con gestos contractuales de cara a la galería, para otros desde la honradez de vivir una experiencia profesional finita con la responsabilidad de quien prefiere renovar con perspectiva, sin hipotecar al club con salarios desmesurados. ¿Por qué se habla tanto de la cláusula y casi nunca de los cheques en blanco por futbolistas cuyo rendimiento a cuatro o seis años es una incógnita?. Ya, un riesgo que hay que asumir, ¿por qué?. Parece más que discutible presumir de dar ejemplo cuando tu gran logro es apalancarte por contrato, asegurándote un suculento retiro económico para que ningún hipotético bajón sostenido de tu rendimiento deportivo pueda desestabilizar tu nuevo tren de vida. ¿Desde cuándo valoramos el compromiso de un futbolista en los despachos?. ¿Desde cuándo se mide el sentimiento en cantidades y contratos?. ¿Por qué algunos profesionales alimentan con su postureo el gran circo montado sólo para el aficionado?. No parece motivo de reconocimiento que un futbolista de élite reconozca que se quita del mercado. ¿Cuál será su zanahoria para diferenciar fracasos y decepciones?, ¿qué objetivos deportivos motivarán su desorbitado contrato?. No hay mercado que valga, ni postores que justifiquen cualquier adelanto del cielo y la luna a perpetuidad a quienes les faltan muchos méritos como para hacerse acreedores a semejante inversión. ¿Por qué en el fútbol se paga tan por adelantado con respecto al rendimiento?. Cláusula o compromiso. Por qué no rendimiento, profesionalidad y sacrificio.


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