Calvario de cesiones

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Todos los veranos la misma cantinela. En Lezama, no hay entrenador que se precie y no repita el dichoso mantra. La pretemporada es la época para ver jugadores y buscar acomodo a los que no te gustan, para que tengan minutos. Resulta más inverosímil digerir el arumento cuando el paciente observador viene del Bilbao Athletic y conoce de sobra la plantilla. Tanto que apenas suele necesitar de un puñado de entrenamientos para empezar a comunicar decisiones irrevocables. Como si de repente desarrollase una intuición a prueba de cartas y bolas. Entonces, ese marrón en forma de descartes con contrato, se lo come el director deportivo. A veces reencarnado en la figura todopoderosa del presidente de turno. ¡Oh, sorpresa!, en este tipo de cuestiones ningún socio desencantado por haber perdido las elecciones reclama su cuota de protagonismo para ser consultado. ¿Demasiado engorroso / aburrido / poco mediático?. Si eso, nos esperamos, criticamos y pasamos página. El calvario de las cesiones en el Athletic viene de tiempos relativamente remotos, por eso, acotemos la muestra a las casi ocho temporadas con Urrutia al frente de las operaciones. ¿Cuántos futbolistas del primer equipo salieron cedidos y volvieron, disfrutando de minutos y cierto protagonismo?. ¿Cuántos se quedaron por el camino?. 


Con el tiempo, las cesiones han ido asimilándose a una camuflada puerta de salida sin retorno. Un camino en solitario en el que nadie del club de origen se tomó la molestia de controlar, seguir y llamar para saber cómo iban las cosas. Y luego pasa lo que pasa. Tal vez, en las últimas ocho temporadas, los casos de cesiones con finales felices [esto es, volver al Athletic para jugar] se puedan reducir a tres: Balenziaga y sus dos cesiones al Valladolid durante el bielsismo, porque volvió con Valverde y desde entonces ha sido titular durante varias campañas. Kepa y sus cesiones a Ponferradina y Valladolid, porque volvió al primer equipo y supo hacerse un hueco a pesar del lamentable experimento valverdiano de los tres porteros. Y el tercero otro portero. Iago Herrerín y su cesión al Leganés, derivada de la misma tropelía, porque fue protagonista y a su vuelta ha sido titular salvo lesión. El resto de cesiones han sido un desastre o algo muy parecido. Temporada 2011-12: Orbaiz al Olympiakos, no volvió. Temporada 2013-14: Galarreta (Mirandés), Ramalho (Girona), Iñigo Pérez (Mallorca), Isma López (Sporting) y Aurtenetxe (Celta). Sólo volvieron Iñigo Pérez (con depresión) y Aurtenetxe (que acabó en Tenerife), todo circunstancial. Galarreta acumuló dos campañas más de cesiones (Zaragoza y Leganés) y tampoco volvió. Temporada 2014-15: Erik Morán (Zaragoza), Albizua (Tenerife) y Saborit (Mallorca). Sólo retornó Saborit, primero al filial y después con Valverde. No funcionó. 


En las tres campañas siguientes más de lo mismo. Bustinza (Leganés), Kike Sola (Middlesbrough, Getafe, Numancia), Guillermo (Leganés), Aketxe (Cádiz), Viguera (Sporting), Eraso (Leganés) y Remiro (Levante, Huesca). Sólo regresó Remiro y nunca llegó a debutar. Una sonrojante pila de ejemplos, a sumar a los de aquellos cachorros que subieron a Segunda con Ziganda, descendieron, salieron cedidos y nunca más volvieron: Etxeberria (Valladolid, Numancia), Iriondo (Elche, Granada), Santamaría (Cádiz), Jurgi Oteo (Barakaldo) y Óscar Gil (Oviedo). ¿Quién se encargó del seguimiento de todos ellos?, ¿por qué tantos fracasos?, ¿por qué aquí no se hace balance de costos en formación y salarios?. Volviendo al presente, en un corto plazo, está por ver qué ocurre con: Unai López (Leganés y Rayo), Villalibre (Numancia, Valladolid y Lorca) y Mikel Vesga (Sporting, Leganés). Dejando a los Ganea o Andoni López en stand by, así como a los Nolaskoain, Iñigo Vicente y compañía en sus primeras excursiones. ¿Tanto abandono es parte de la manida formación?, ¿entre cuántos habría que repartir la exigencia de explicaciones y responsabilidades que nunca tuvieron lugar?. Estos futbolistas también fueron patrimonio y en muchos casos canteranos del club. Nadie respondió por ellos. Nos encanta ver a cachorros debutando en primera con la rojiblanca pero, ¿para cuándo una reflexión en profundidad de su cara B?. ¿Están preparados los que vienen para asumir una o varias "milis" lejos del confort de Lezama?, ¿y el club para gestionarlo con eficacia y responsabilidad?. Esto también es filosofía de club diferente.

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