Que voten los socios

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El fichaje de Bibiana Schulze-Solano por el Athletic ha despertado el ánimo de quienes nunca se plantearon votar más allá de cada proceso electoral. Son los socios quienes debieran acordar cualquier cambio en la filosofía del Athletic, exigen algunos a rebufo de una promesa electoral del candidato Elizegi. Después de tantas "trampas al solitario" nunca sería tarde si la dicha fuera buena. No parece así. El caso es que el presidente Elizegi ya avisó en su programa electoral: " respetar la filosofía de contar con jugadores nacidos/as en el País Vasco y/o formados en Euskal Herria, identificados con el desarrollo del fútbol vasco, entre los que se pueden significar la diáspora de origen vasco". El matiz del final no era baladí. Por eso profundizó en su idea de Athletic en unas cuantas entrevistas previas al paso por Ibaigane: "el Athletic del futuro va a seguir jugando con gente de la casa, formada en Euskal Herria. Ahora, ¿qué es para nosotros ser vasco?. Hay gente que en 3 años puede respetar más nuestra idea de país que otros en muchos años. La pasión y el sentimiento nunca son un problema". Diáspora y sentimiento. Dos conceptos polémicos e incontables. El fichaje de Bibiana los ejemplifica perfectamente. Aunque no entren en el concepto "actual" de nacidos y/o formados redactado por un expresidente en una página web. Familia, conocimiento del club, respeto al escudo. Elementos plausibles aunque insuficientes a día de hoy.


Y es totalmente cierto. Elizegi se comprometió con la masa social rojiblanca, empezando por su programa electoral, en: " fomentar la participación real del socio o socia en el gobierno y decisiones del club facilitando espacios digitales ágiles, eficaces e intuitivos donde puedan aportar sus ideas e impulsar iniciativas", incluso con encuestas, añadía. El candidato lo repetió hasta la saciedad: "necesito escuchar a los cuarenta mil para poder hablar. Y lo voy a intentar. Creo que se puede hacer, para saber qué piensan, porque quiero saber si piensan como nosotros o diferente. Poder compartir la opinión y encontrar un punto de encuentro". Pero, ¿cómo permitir la intervención de los socios?, ¿debería ser vinculante su opinión?, ¿con qué mayorías?, ¿para qué asuntos sí y para cuáles no?. Se supone que todo partiría de una reforma de estatutos y de una definición nítida de si hablaríamos de referendum y en qué formato. ¿Sería recomendable que el poder de decisión en la gestión integral del Athletic fuera más compartido entre directiva y masa social?. En tal caso, ¿para qué votar a una plancha electoral si después serían los socios los controladores cual órgano soberano de reprobación o validación del asunto en cuestión?. Escuchar al socio. Sin duda un enorme paso adelante que muchos desoyeron, por ejemplo cuando se "manchó" la camiseta con publicidad. "Una adecuación a los tiempos", esgrimió el presidente Ugartetxe para implantarla. Dos asambleas de compromisarios fueron suficiente soporte "legal" para romper con la tradición centenaria. ¿Cuántos socios votaron?, ¿los cuarenta mil?.


El futuro de la filosofía del Athletic es casi tan incierto como el de las canteras en general. Las cifras y las previsiones a la baja en cuanto a natalidad en el territorio, el fenómeno de la (in)migración de trabajadores, las nuevas tendencias culturales y de ocio especialmente en los más jóvenes, así como la aparente disminución del futbolista vocacional son algunos de los factores a tener en cuenta a veinte años vista. El concepto de cantera es muy amplio. Desde quienes fichan a discreción para convertir a cualquiera en canterano hasta quienes tratan de conservar la "pureza" de la procedencia. Los niños y sus entornos parecen profesionales. Tienen representantes y manejan ofertas. La guerra está servida y amenaza con asentarse en categorías demasiado lejanas a la élite. Habrá más "Kepas" mucho antes de llegar al primer equipo. Ante todos estos riesgos la exigencia de trabajar y adaptarse. ¿Cómo?, ¿en qué dirección?, ¿quiénes deberán decidirlo?, ¿se tendría que poner por escrito en alguna parte?. Casos como el de Saborit abrieron otras puertas. Controlar la compatibilidad de la edad del futuro canterano y otorgarle carta de naturalidad porque un progenitor venga a trabajar a Euskadi. ¿Debería el Athletic tener sus propios baremos, al margen de UEFA y FIFA, de lo que considere formación y lo que debiera ser captación sin trampa?. Tal vez, lo más preocupante no sea otra ruptura filosófica y social, sino la incapacidad de todos para sentarse y abordar un asunto capital. Que voten los socios, que empiecen por no quedarse en casa cuando se abren las urnas en Ibaigane. Luego los lamentos y los comunicados berrinche.


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