Febrero y sus prioridades

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Frente a la demagogia y los discursos supuestamente prudentes, la realidad de los banquillos "grandes". Hace pocos días el Barcelona hacía oficial la renovación de Valverde. Algo que vuelve a chocar con lo que predicaba el extremeño en su etapa en Bilbao, cuando firmaba de año en año y renovaba en Junio para no enturbiar no sé qué concentración. Desde su llegada a "Can Barça" los contratos son más largos y Febrero es un mes pintiparado para prolongar compromisos. Ahora es fundamental resolver inquietudes que pudieran incomodar a un vestuario -llámese Messi- aparentemente encantado con el escaso reparto de minutos que apenas provoca pinchazos históricos en Champions y lesiones recurrentes de los inamovibles. El Atlético también ha movido ficha con Simeone, matizando aquello del "partido a partido" y desoyendo aquellas teorías de no descentrarse con asuntos personales cuando lo importante es lo colectivo. El líder "cholo" argumentaba la decisión -inmersos en pleno desafio de Champions y Liga- en el futuro, la ilusión y la juventud que ve en el club a futuro. ¿Cómo encaja todo esto con la teórica prioridad de la consecución de objetivos?. En el Athletic la situación es más acuciante si cabe desde el punto de vista contractual y Garitano no parece contar con demasiado consenso social por ahora. Si fuera argentino y bielsista ya le habríamos etiquetado de "Fergusson rojiblanco".



La renovación de Garitano no debiera hacerse esperar más tiempo, ni siquiera a la salvación matemática, para mostrar con papeles la confianza en un proyecto por ahora con tintes de interinidad. Si vale Diciembre para despedir al peor entrenador -por números- de la historia centenaria del Athletic, también vale Febrero para rubricar la continuidad de una apuesta que ha funcionado desde el primer día. El fútbol va demostrando que el cumplimiento de objetivos -tantas veces cambiantes de una semana para otra- no es siempre excusa suficiente para retrasar lo indiscutible. Ampliar la confianza en un cuerpo técnico no debiera distraer a ningún profesional ni para una final de Copa, ni para una eliminatoria europea, ni para una salvación a meses vista. Bien distinto sería si cualquiera de las tres se resolviese la semana que viene. ¿Acaso discreparían en esto quienes colocaron unas elecciones en mitad del partido más agónico?. Renovar ahora a Garitano le quitaría, a ojos de la afición y sobre todo del vestuario, esa etiqueta de "apagafuegos" para convertirle en una figura de autoridad que sólo los resultados parecen haberle otorgado. No es necesario firmar varias temporadas, pero sí parece propicio lanzar un mensaje inequívoco de que el entrenador cuenta con la confianza de su club sin que el director deportivo lo confirme en prensa. Garitano empezó la temporada en Segunda B y aceptó el "marrón" de enderezar una nave a la deriva en manos de una propuesta suicida. Su valentía y su capacidad de transformación la hacen merecedor de un nuevo contrato, de primera división. Los mensajes desde el vestuario le avalan, más aún cuando entran en la comparación con Berizzo. El tiempo y sus razones.


El discurso de Alkorta: " lo importante es salir de la situación en la que estamos porque a pesar de un inicio muy bueno, ya ves que pierdes un partido y vuelves a estar ahí. Así que ahora sólo hay que pensar en el equipo" no es para nada incompatible con una renovación en Febrero o Marzo. Entre otras razones porque, tal y como reconoce el propio director deportivo rojiblanco: "me gustaría decirles, os vamos a renovar, y hablar con ellos de todos estos casos (renovaciones). Eso sería lo ideal, para los jugadores y para la dirección deportiva". Hay decisiones que tienen que ver con la planificación que no esperan, que se deben ir tomando al compás de las estrategias correspondientes. Ese trabajo, en el que ahora sí trabajan de la mano cuerpo técnico y director deportivo, debería continuar con las bases del nuevo proyecto firmadas y solventadas. Si para el club, la renovación de Garitano es una "prioridad" -en palabras de Alkorta- no ha lugar tanta demora. Se trata de una decisión que va mucho más allá de los méritos demostrados en una situación límite consecuencia de la incapacidad de los anteriores responsables. Su renovación no debiera entenderse como un premio a una salvación que seguirá siendo para este club el mínimo exigible por presupuesto y plantilla a pesar del peligrosísimo abismo al que nos empujaban Berizzo, Urrutia y Amorrortu. Esa firma pendiente sería el pistoletazo oficial a un nuevo proyecto surgido en manos de una gestora y con una legislatura recortada a capricho. No hay proyecto sin un líder claro y con contrato. Garitano es el apropiado. Tiempo habrá para cumplir lo firmado con partidos o finiquitos.

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