Uno de los nuestros

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Parafraseando a Henry Hill en la primera escena de la película de Scorsese, nuestro protagonista de la historia de esta semana: "que él recuerde, desde tuvo uso de razón, quiso..." ser del Athletic. Seguimos los pasos de Henry, cuando abandona su vida "profesional" para vivir en el mundo real. Salimos por unos minutos de nuestra burbuja rojiblanca, mucho más cerca de la actualidad, para respirar aires athleticzales en lo que los txirenes llaman los alrededores del botxo. Le pregunto por sus orígenes rojiblancos. "Es casi innato. Todos somos del Athletic en la familia", responde sin dudar. Era pequeño cuando falleció su padre, pero le dejó el mejor legado, ser del Athletic. Todo empezó antes de su nacimiento cuando le compró la equipación completa. "Era inmensa" -me cuenta sonriendo- "me iba grande hasta los siete años". Aquella camiseta de hace más de treinta años, sin marca, la guarda enmarcada como un tesoro. Con ella jugaba en el colegio, rodeado de niños vestidos del Madrid y del Barcelona, en el "clásico" de 3ºA contra 3ºB. El Athletic estaba muy bien representado en aquel patio. "No soy del Bilbao, soy del Athletic", corregía a sus amigos cuando le preguntaban por su equipo. Aquella camiseta, la primera, era muy especial para él. Su hermana le había cosido con cuero el dorsal número ocho y el nombre de Guerrero. Su ídolo de siempre.


Me cuenta que, hasta hace pocos años, era casi imposible comprarse nada del Athletic lejos de Bilbao. Suerte que el dueño de la tienda de su pueblo era rojiblanco. Suerte de aquella quiniela de once y de las mil quinientas pesetas de premio con que se compró unas medias azules de su Athletic. Suerte de aquel viaje de estudios a Andorra donde encontró la segunda camiseta de su ahora extensa colección, aquella de Kappa anterior al centenario del club. Su sentimiento por los leones lo lleva en el corazón y en la piel. Pocos emblemas rojiblancos le faltan por tatuarse, empezando por las letras del himno: "Athletic, Athletic, EUP. Athletic gorri ta zuria, danontzat zara zu geuria". Desde la rodilla al tobillo, por la parte exterior del gemelo, van el leon y el escudo. También se aprecia el arco de San Mames. Por detrás, el logotipo del Athletic del centenario y las palabras "beti zurekin". Nuestro protagonista vibra con el Athletic desde su juventud tanto que siendo adolescente, cuando le anularon un gol al Athletic en un partido frente a la Real, se rompió el hueso de la mano por darle un puñetazo al sofá. Sonríe y bromea al recordar cómo iba a explicar su "accidente" el Lunes en el colegio. A los que nacimos más cerca de San Mamés nos cuesta adivinar, intuir la pasión con la que otros athleticzales viven el día a día lejos de su Athletic. Ellos son parte fundamental del mejor patrimonio de cualquier club. Nos recuerdan eso tan grande que tenemos entre manos y que nunca debiéramos perder. La afición, heredada de padres a hijos.


Más recuerdos. Su primer partido, el más antiguo en su memoria, fue un 7-0 al Sporting con cuatro goles de Julen Guerrero. El que "empezó a marcarme el camino", confiesa. Al día siguiente de ver el resumen por la tele, fue al kiosco a comprar el periodico. Todavía conserva los recortes. Pero nada comparable a su primera visita a San Mamés. Su entrada al campo lo equipara con "el que no oye y de repente oye. Me quedé sin palabras". De aquel primer viaje, de unas diez horas, recuerda que "de la emocion no dormí en todo el trayecto". Aquella noche, el Athletic perdió 2-3 con "el Madrid de los Ferraris". Detalla aquella primera vez como si fuera ayer, hasta el penalty que Illgner le detuvo a Urzaiz. También nos cuenta una de sus anécdotas más emotivas. "Cuando salgo por ahí siempre me pongo una camiseta del Athletic. Estando con Julen Guerrero en Roquetas de Mar (donde se lo presentaron por primera vez), les enseñó a sus padres una foto que me hice en Cabo de Gata (Almería) con su camiseta". Y añade: "estuve 34 años intentando una foto con Julen y desde 2017 hemos coincidido tres veces". En sus palabras parecen entremezclarse orgullo y perplejidad al recordar cómo su ídolo ya casi le reconoce cuando le ve. ¡Qué grande ser del Athletic!. Para estos aficionados mucho más. Por eso gusta saber que su novia, athleticzale de nuevo cuño, quedara "sorprendida" por la amabilidad con la que les trataron en Lezama "por ser del Athletic y ser de fuera". Fotos, autografos y lo que hiciera falta. Nuestro protagonista se llama Carlos, es lorquino y quiere casarse en San Mamés. Ojalá algún día, uno de nuestros embajadores por el mundo vuelva a cumplir otro sueño con su Athletic. Piel de gallina, alma de león. 

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