El espíritu del Abásolo

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Hay lugares con una magia especial. Aquellos que por historia, tradición y unión con su entorno se hacen un hueco en el corazón de quien los visita. En el caso del bilbaino Txakoli Abásolo la conexión con su gente venía de muy atrás, desde la década de los años treinta del siglo pasado. Mucho tiempo después -a principios de los noventa- y con nuestro protagonista Javier Girondo al frente, surge la idea de crear una peña en el local. Dos hechos, aparentemente inconexos, marcarían su devenir e identidad. El primero. Marino Lejarreta sufre un accidente descendiendo el alto de Autzagane que fuerza inesperadamente su retirada. Cambio de planes. La peña no llevaría el nombre del mítico "junco de Bérriz", tal y como estaba previsto. Con tanto socio del Athletic por el barrio se decide que la peña sea rojiblanca, pero con la particularidad de no dedicársela a ningún jugador porque "luego se van al Madrid o al Barsa", argumenta Javier. El segundo. Un excedente de cohetes de nochevieja y la celebración del primer hat-trick de Julen Guerrero con el Athletic -el 5 de Septiembre de 1993 frente al Albacete- lanzando tres de aquellos cohetes al cielo bilbaino. Así empezó una tradición que ha perdurado hasta el cierre del Txakoli, hace apenas dos años. Aquella espontánea celebración, tan sonora, caló entre los lugareños. "Lo tomaron por costumbre", cuenta Javier. Tanto que inspiró al lotero del barrio para proponer dos posibles nombres, muy pirotécnicos, para la peña: volandera o zipunpa. Así surgió la Peña Zipunpa


Javier nos explica la paradoja de celebrar los primeros goles de Julen con cohetes y al mismo tiempo no bautizar la peña con su nombre. " Intentamos ponerle a la peña el nombre de Julen Guerrero pero el club tenía prohibido que asistiera a cualquier inauguración". La aparición del portugalujo supuso tal revuelo mediático y social que hasta las autoridades preferían evitar el caos urbano que provocaría una concentración multitudinaria a su alrededor. La peña Zipunpa renunció a Julen. Otros jugadores de la época como Alkiza y Larrazabal, junto a mitos como Dani o Carmelo, acudieron a su inauguración. Más de veinte años tirando cohetes a cada gol del Athletic en partido oficial han dado para muchas anécdotas. Como con la goleada (1-7) de Lieja. "Diluviaba en Bilbao y vino un amigo que también quería tirarlos, fue nuestro récord de cohetes en un partido", recuerda Javier con una sonrisa. Sus estruendosas celebraciones lidiaban a diario tanto con clientes del Txakoli que acudían con perros y se marchaban molestos, como con aquellos vecinos que pirateaban la señal de los partidos y se quejaban porque el cohete les hacía spoiler de los goles del Athletic. "Me machacaban en las redes sociales". El Abásolo era siempre sinónimo de mucha gente, mucho trabajo y partidos del Athletic. Incluso en pantalla gigante al aire libre cuando las finales. Siempre al pie del cañón: Andoni -trabajador del local- para tirar el cohete oportuno, y Javier -detrás de la barra- para recordarle que "primero el trabajo y luego los tiras".


El espíritu del Abásolo sigue vivo y no solamente porque la casa todavía siga en pie. Los vecinos lo recuerdan con especial cariño, sobre todo la gente mayor, que " lo echa más de menos". Javier quiere retomar el viejo Txakoli y sigue luchando dos años después de su cierre. Mantiene la esperanza de reabrirlo en un futuro no muy lejano y en la misma zona. La Peña Zipunpa sigue activa y podría reubicarse de manera más "oficial" en el centro de Bilbao. El problema del "traslado" sería el de compatibilizar el lanzamiento de los cohetes y la garantía de seguridad del casco urbano por los peligros que conlleva: "son parecidos a los que se lanzan en el txupinazo de la Aste nagusia", explica Javier. Nuestro protagonista lo tiene muy claro: "ojalá alguien lo retome para que no se pierda la tradición". Los cohetes del Abásolo eran un perfecto ejemplo del arraigo social del Athletic en Bilbao. Del trabajo y el esfuerzo desinteresado de una peña para invertir de su propio bolsillo una generosa cantidad de dinero. A más de dos euros el cohete... "imagínate el presupuesto durante el primer año de Bielsa", apostilla Javier. Ojalá vuelva aquella tradición del cohete, ojalá el club tenga un gesto de reconocimiento y agradecimiento más allá de una foto en el museo, ojalá el Abásolo vuelva por sus fueros para seguir transmitiendo a las nuevas generaciones la pasión por unos colores, juntando a familias entorno a una mesa. Han pasado dos años del cierre del Txakoli y los goles del Athletic no suenan igual en Bilbao. Se os echa de menos en cada partido. ¡Hasta pronto!.

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