Un año para olvidar

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Terminaba el último partido del 2018 en San Mamés y una certeza rondaba la cabeza de todo athleticzale, las vamos a pasar muy canutas esta temporada, lo de la campaña pasada quedará en un juego de niños. La deriva del Athletic durante este año que ya concluye ha ido de mal en peor. El postrero empate del Valladolid no fue más que otro eslabón en la cadena de un equipo venido a mucho menos, una nueva prueba de que el proyecto ha ido degenerando y perdiendo gas ante la inactiva mirada de directiva y afición. De poco servirá resignarse y tirar de hemerotecas -peligrosamente cercanas en el tiempo tratándose de una historia centenaria- pasándonos la mano por el hombro y reconociendo que nuestra idiosincrasia nos acerca cíclicamente a un precipio jamás explorado. En estos días de personalismos y cainitas apoyos incondicionales, el Athletic se encuentra ante una encrucijada peligrosa. Luchar contra el tiempo de la competición y contra sí mismo en estas campañas de excesiva crispación y nulo beneficio colectivo. El 2018 se cierra con elecciones, una gestora sobreactuada, tres entrenadores pasando por el banquillo y el equipo recurrentemente en puestos de descenso. Ésta es la herencia de aquellos gestores que sólo reconocen errores, con la boca muy pequeña, cuando toca revalidar apoyos.


En lo futbolístico, el año ha transitado sobre el discurso del protagonismo y la posesión para terminar chocando frontalmente contra la misma realidad. Los libretos son más o menos atractivos pero su puesta en escena casi nunca funciona. Daba la sensación de que Garitano había vuelto a conectar con la esencia del Athletic y con la grada. Aquella victoria agónica frente al Girona dejaba un poso de prudente optimismo por las formas y por el resultado. Seguía siendo prioritario ganar pero además creíamos haber recuperado parte de nuestras señas de identidad. Así se entienden y se bancan las declaraciones de Herrerín, alejadas de la manipulación y la campaña de abracitos proBerizzo: "es preferible jugar un partido no bonito y sumar un punto que jugar bien y perder por cuatro", "con Eduardo nos llegaban con más asiduidad y con muchas ocasiones muy claras. Ahora el equipo está bien plantado, casi ni nos han tirado". Berizzo fue muy fiel a sí mismo, ése fue el grave problema. El escenario actual ha cambiado porque los rivales están mucho mejor sujetados -cosa nada difícil- pero al equipo le sigue faltando gol. La gran duda radica en la continuidad que dará Garitano a su propuesta inicial. ¿Por qué cambiar lo que estaba funcionando mucho mejor?. En un contexto de urgencia absoluta de puntos no se entiende la preferencia por devolver la titularidad a Williams y Muniain para renunciar al estilo que te estaba devolviendo a la victoria con Córdoba y Susaeta. La segunda parte del Sábado fue calcada a las de Berizzo. 


2018 acaba con muchas dudas en el Athletic. La principal de todas, la que podría empezar a resolver el panorama es saber a qué queremos jugar. Si mantener la idea de abrir el campo con dos jugadores en banda o si los sueldazos perpetrados por Urrutia y continuistas fuerzan en exceso para que sigan fracasando los que también nos metieron en el agujero. Hacer lo mismo y esperar que no ocurra lo mismo. Imposible. Garitano lo sabe muy bien. Por las circunstancias que fueran probó a hacer otra cosa y le funcionó. Ahora deberá elegir cuál será su plan A, si el del Girona o el del Valladolid, a sabiendas de que su decisión sentará en el banquillo a unos o a otros. Urrutia se va en el peor escenario imaginable hace años, dejando libre un sillón que casi nadie quería por varias razones. Cesando a dos entrenadores en unos meses, renovando inopinadamente tanto de presidente como en la gestora, y con el club en una de las situaciones deportivas más delicadas de su historia. Hablamos de un equipo de fútbol. Identidades aparte, será en el terreno de juego donde se consiga la permanencia de una historia inmaculada o se consume el fracaso más mayúsculo. Acabemos con mandatos presidencialistas, oscurantismos, pésimas formas chulescas y altivas, e impresentables enchufismos indefinidos. El objetivo es doble: salvar al Athletic del fiasco y recuperar a la institución del secuestro social y deportivo. Menos presumir de lo que fuimos y más trabajar en cómo queremos volver a ser, dentro y fuera. Ojalá el nuevo año sea mucho mejor, básicamente porque de ir peor nos vamos al agujero. Con los mismos de antes a bordo todo es posible.

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