Los retos de Garitano

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¡Qué rápido le ha llegado la oportunidad a Garitano!. O tal vez debiéramos denominarlo como un marrón y de los gordos, similar al que se intuía para avalar a una precandidatura ajena al poder cesante en otra temporada con marcados aromas a fracaso general. Pero la historia es cíclica, o eso dicen, y a la fuerza ahorcan. Ni había argumento razonable para el no cese de Berizzo (el club lo llama "sustitución" aunque haya llegado tarde y a destiempo), ni parece quedarnos más remedio que confiar a ciegas en la opción más a mano y económica de un club en (dejación de) funciones. Paradójica tanta confianza generalizada en Garitano, probablemente un tanto desesperada, cuando este mismo verano sonaban con fuerza las voces que exigían un técnico "perfil Berizzo" descartando a Gaizka porque se asemejaba demasiado a Ziganda (el cesado). ¿Por qué tanto rechazo hace apenas unos meses?. Porque resulta que el observador externo medio demandaba un entrenador más experimentado que consiguiera imponerse en el vestuario. Ni Ziganda lo consiguió ni Garitano gozaba entonces de la confianza para lograrlo. Y he aquí la paradoja, ni Berizzo impuso su idea ni Garitano parece ahora tan inapropiado. A un lado dejamos su trayectoria más reciente en el fútbol profesional, de ceses y descenso. De repente ya no importan. ¡Vaya cambio del plan A al plan B!. Seguro que algún interesado vuelve a equipararlos.


Garitano afronta varios retos en pleno Diciembre y con el margen más que estrecho para probaturas, que ésas ya las agotó Berizzo hasta el agotamiento general situando al Athletic al borde del abismo. Convencer al vestuario. El precedente de Ziganda, tras paso previo en primera división por Osasuna y Xerez que no fue peor que el descenso de Garitano con el Eibar y el cese en Coruña, nos devolvió a la cruda realidad del poder de la piña contra aquel preparador al que consideren "poco apto" para ellos. El nuevo mister necesitará de unas cuantas victorias para hacer olvidar rápido la supuesta complicidad con Berizzo y así poner de su parte a los pesos pesados, incluso si decidiese no alinearlos. Recuperación física. Fue uno de los puntos de "fricción" entre plantilla y cuerpo técnico de Ziganda, y una de las dudas principales desde el minuto uno en cuanto a puesta a punto con Berizzo. Los bajones en los segundos tiempos vienen de atrás y necesitan de remedio urgente. Las propuestas estajanovistas tienen mucha prensa a favor y parecen calar en el discurso público de los futbolistas, pero al mismo tiempo fuerzan en exceso la máquina de un colectivo para aparentes pocos trotes. Nuevo esquema táctico. La primera apuesta presentada en Huesca: un 4-4-2 con jugadores más específicos de banda y rematadores cualificados en la punta invita a cierto optimismo, recuperando esencias perdidas en detrimento del postureo y el verbo fácil. Tal vez así se consiga reenganchar a una parte de San Mamés, adormilada y resignada con tanto pase horizontal.


Refuerzo psicológico. Son vasos comunicantes. Para que todo lo anterior funcione y dé resultados a la mayor celeridad posible será imprescindible recuperar la confianza perdida, borrando del diccionario habitual del vestuario palabras como "miedo" y "tenemos que mejorar" que tan poco han aportado. Independencia en las decisiones. Abochorna leer a tantos "expertos" exigir respeto y paciencia con el trabajo del entrenador que coge las riendas mientras pasan de largo las directrices y prohibiciones del supuesto director deportivo. Si con Ziganda mantuvo una guerra personal: saboteando al filial en Segunda, promoviendo internamente a Berizzo y desoyendo las peticiones de fichajes... parecen más que confirmados los rumores que apuntaban a influencia descarada de Amorrortu en la titularidad de Herrerín. Otra paradoja. El entrenador del Athletic debe acatar órdenes de un presidente (caso Remiro) pero ¿no de un director directivo? (caso Iago). El morbo y la incertidumbre de otra tormentosa relación de Amorrortu están servidas con el precedente de aquella rueda de prensa en Oviedo donde otro entrenador ganador le leyó la cartilla, esta vez en público. Muchos retos y muy poco margen para superarlos con éxito en un contexto electoral calzado a última hora para mayor inestabilidad social. Es lo que tienen las gestiones brillantes, que cuando parecen tocar a su fin, mires donde mires, sólo ves problemas y preocupaciones, pero de las gordas. Garitano es la tercera bala en una recámara de dos ceses en apenas unos meses. Fijo que estaba todo previsto. 

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