La herencia de Urrutia

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Urrutia se va, cumpliendo con su propuesta de estatutos tumbada dos veces por la asamblea de no abordar una tercera legislatura. Más allá de los supuestos "éxitos" deportivos, la administración que ha presidido deja luces y sombras para aquellos predestinados a la sucesión. Un relevo que no parece preconcebido para discutir proyectos en las urnas y que -según parece- surgirá de una amalgama de sensibilidades, teóricos excandidatables y rostros populares, siempre bajo el mando de una base continuista. La herencia del "gure estiloa" ha abierto el camino de la mejora en las instalaciones de Lezama, en el desarrollo y fomento del fútbol femenino ampliando sus categorías inferiores, y en el plano cultural con diversas actividades en favor de la integración y la igualdad. Pero, al mismo tiempo, también deja una serie de incertidumbres tanto económicas como deportivas. El Athletic de las elecciones, aquel club en el que nunca faltaban candidatos con ganas de aportar ideas y proyectos, está mutando. La segunda renuncia electoral consecutiva tiene demasiado que ver con las dudas que genera retomar un proyecto de complicado porvenir. ¿Por qué nadie quiere presentarse?, ¿por qué sólo leemos supuestas renuncias?. Ocurrió hace ocho años y la epidemia abstencionista ha aumentado. Ser candidato a presidente es mucho más caro y sobre todo más arriesgado que antes. Algo va a peor.


Más allá de avales y manejo de los tiempos, el mero intento de coger las riendas en Ibaigane te coloca frente al manejo de un presupuesto elevadísimo, condicionado por el incremento salvaje de las fichas del primer equipo y la pérdida de ingresos por quedar fuera de Europa. Es decir, la asunción y la certeza de abordar un déficit en las cuentas, con la consiguiente y cuantiosa pérdida de dinero. Por eso el famoso fondo de previsión. Bajo el amparo de una peculiar interpretación de la filosofía y un contexto derrochador sujetado básicamente por un ingreso televisivo negociado conjuntamente, el Athletic se ha convertido en un monstruo económicamente inviable a medio plazo. Una plantilla excesiva con unos salarios inopinados. Un problema todavía mayor si observamos el envejecimiento de un nutrido grupo de futbolistas y la nula predisposición de unos cuantos cuerpo técnicos a iniciar su relevo generacional ante la falta de resultados y valentía. El discurso comodón y ventajista, que no encuentra respuestas al chantaje emocional, tampoco puede aportar nuevos canales de ingresos para pagar tantos contratos de larga duración sin el colchón de la Europa League. El problema de vivir en la burbuja y no saber gestionarla se lo comerán los que vengan detrás. ¿Qué hacer con futbolistas sobrepagados, jueguen más o menos?.


La mayoría ni siquiera tienen mercado y, para más inri, sus desorbitadas fichas impiden una cesión a no ser que sigas haciéndote cargo del hipotecón. El Athletic ha pasado de ser ilusión a incertidumbre, y el camino preelectoral lo está confirmando. Entonces, ¿quién tira de este gigante envejecido y justo de ingresos para tanto gasto?. Los enésimos llamamientos -por tierra, mar y aire- a la animación y el apoyo a un equipo en puntos de descenso confirman dos elementos preocupantes más: el diferente rasero actitudinal de la masa en función del inquilino del banquillo y la crisis de animación de un nuevo campo al que van pocos más que al viejo pero con mucha más edad. La herencia no tiene que ver con los "éxitos" pasados sino con aquello que dejas al siguiente, por ejemplo con la proyección a medio plazo de aquel "once titular tipo" que tenía Bielsa cuando llegó comparada con la del que tiene Berizzo ahora. Gestionar la mejora se convirtió, hace años, en la explotación de un proyecto previo y el conformismo de unos cuantos buenos resultados. No se trata de partidarios ni detractores de ciertos personalismos presidencialistas, sino del margen económico y deportivo para dejar de caer. Y qué decir de la piedra filosofal. Lezama y sus constantes y enigmáticos vaivenes. La opacidad frente a la información. En 2011 Urrutia prometía a los socios una institución "planificada y participativa". ¿Lo conseguirá, sin él, alguno de sus discretos delfines?.

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