Berizzo kanpora

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A punto de completarse el primer tercio del campeonato de Liga el Athletic necesita un cambio. A sabiendas de la injusticia de romper la cuerda por la parte del inquilino del banquillo, la situación clasificatoria y sobre todo las sensaciones que transmiten tanto los jugadores con sus inconstantes actuaciones como el entrenador con sus vaivenes futbolísticos invitan a plantearse un giro radical. El Athletic con Berizzo es peor. No solamente peor que con Ziganda (ahora en puntos de descenso) sino que, con la misma racha de partidos sin ganar que en el primer año del "bienio negro", se ha convertido en el peor de la historia centenaria rojiblanca. De nada han servido las cinco incorporaciones, una pretemporada especialmente tranquila para trabajar sin previas europeas, la confección de una plantilla donde sobran efectivos para elegir y, sobre todo, una campaña interna favorable mucho antes de sentarse en una famosa terraza bilbaina. El Athletic de los once partidos sin ganar se ha convertido en un rival fácil y remontable, un equipo que lucha infructuosamente amagando solo en los partidos "importantes". Berizzo ha cambiado radicalmente su discurso, obviando por completo el libreto que le trajo a Bilbao de la mano de Amorrortu, y ni por esas consigue resultados. Es urgente un cambio para evitar males mayores.


Urgente, paradójicamente, porque todavía hay tiempo de sobra para que otro entrenador acierte con las teclas que Berizzo hace desafinar desde Julio. Hay quien sugiere esperar al duodécimo pinchazo (en San Mamés frente al Getafe) pero, con dos semanas sin fútbol por delante y ante el inminente inicio del proceso electoral, sería un riesgo innecesario la demora de un cambio trascendental. Con la gestora al frente, Berizzo tendría todas las cartas en su mano para poder agravar aún más la situación. O dimite y se va sin finiquito (improbable), o se aseguraría su continuidad -mínimo- hasta finales de año. Es decir, cinco partidos más de Liga con los que plantarse al borde del ecuador de la temporada. ¿Por qué arriesgarse a que ocurra lo mismo de los parones anteriores?. No hay motivos fundados para no detener el despropósito táctico y la cuesta abajo de resultados, ahora acompañada de derrotas a domicilio. Buscar un entrenador (de Lezama o de fuera) que trabaje en una idea, sin virajes ni improvisaciones. Alguien que tenga muy claras las herramientas de las que dispone y de cómo sacar al equipo del pozo. Alguien coherente con su ideario futbolístico que sepa defenderlo en el terreno de juego. Alguien que profundice -en estas dos semanas de reflexiones varias- en aspectos fundamentales como el rigor defensivo para preparar los cinco próximos partidos. Hay demasiado en juego. Es el momento de intentar para dejar de obsesionarnos con los resultados de los tres peores. Mejor ahora y no en Febrero con prisas.


El Athletic no debería arriesgarse. ¿Para qué seguir quemando fechas del calendario con una apuesta que no funciona y se aleja de los objetivos?. Ante la incapacidad recurrente de Berizzo hay que buscar soluciones a una temporada predestinada a la resignación y el sufrimiento gratuitos. El punto de partida parece claro. Este Athletic no es el del Bielsa y por lo tanto no puede exponerse a ensoñaciones del pasado. Abandonar el fútbol postureo, el tiki-taka y la posesión sinsentido, trabajar en una propuesta mucho más pragmática y resultadista, y apostar por la coherencia y la verosimilitud entre el mensaje y su emisor. Despojarse de mitologías del pasado y reconocer las limitaciones de una pésima planificación deportiva que propicia alineaciones exageradamente envejecidas con falta de correa para sprintar como locos persiguiendo sombras. El peor Athletic de la historia urge de nuevas directrices, azuzar a una plantilla acomodada en los mensajes buenistas y conservadores del "todo va bien", y "nosotros podemos". No seremos el Valencia ni por actuar ahora ni cuando cortamos sin rubor la cabeza de entrenadores de casa. Tampoco podemos seguir siendo un Leganés. Un club con objetivos, exigente y ambicioso (supuestamente) no debe mirar para otro lado mientras alcanza sus peores registros. Urrutia no actuará aunque debería, y mucho menos a pocos días de marcharse. Sería como reconocer otro fracaso y el orgullo manda. Último ejercicio de irresponsabilidad.

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