Los intocables de Berizzo

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"No nos convirtamos en un Valencia". Pasa por ser una de las expresiones más extendidas últimamente en el entorno rojiblanco, en esa guerra imposible entre paciencia y exigencia. Berizzo reconocía hace unos días que, caminando por la calle, percibe que " la gente está conmigo", que está más tranquilo en el Athletic porque "se respetan los procesos y los tiempos". Lo mismo decía Ziganda antes de ser cesado al término de su primer año de contrato. Poco antes del descabello, Urrutia reconocía que los contratos no aseguran nada, saltándose a la torera su renovado lema del "esan eta egin" tan innegociable con algunos futbolistas. En esta burbuja irreal y superficial en la que vive Berizzo, el Athletic preocupa por su falta de fútbol y por las pésimas sensaciones que transmite en cada partido. Se esperaba del nuevo técnico: otro aire, ideas claras, mano firme para tomar decisiones en el vestuario. Noviembre y ni rastro de lo vendido. De hecho, pareciera como si en algunas decisiones del toto pesara más el "respeto" por los más veteranos y los fichajes de alto coste. Sus experiencias en Vigo y Sevilla, unidas a la tormentosa relación de algunas vacas sagradas con Ziganda en cuanto los sentaba, mas la incierta estancia del argentino en Bilbao (con elecciones a la vuelta de la esquina) sugieren cierto conservadurismo en unas cuantas decisiones técnicas.


Mayo del 2018. Herrerín confesaba en Onda Vasca que tenía "siete u ocho ofertas de primera división", "hay que pensar todo, reunirse con el club y ver todo". ¿Qué pasó en aquellas conversaciones?. La sorpresa generalizada por su inminente vuelta al once, relegando al novato Simón tras su inesperado debut, podría entenderse desde la óptica de quien se tragó el sapo de salir a Leganés cuando Valverde improvisaba rotaciones. De quien no va a transigir con otra suplencia sin Kepa ni Remiro. ¿Méritos futbolísticos con Berizzo?, ninguno. No parece viable que los dos fichajes de gran talonario para la defensa paguen sus continuos errores con el banquillo. Mientras Yeray, Núñez y Nolaskoain se reparten un único puesto, Iñigo Martínez tiene manga ancha para seguir justificando el VAR. El recado de Berizzo -el Miércoles en Vallecas- poniendo a Nolaskoain en el perfil derecho, vuelve a avalar la vigencia del "caso Núñez". Lo mismo con Berchiche, sufriendo los rigores defensivos del lateral izquierdo frente a Real, Eibar y Rayo de forma consecutiva. Y qué decir de Raúl García. No entra en la idea futbolística de Berizzo. Así quedó patente hasta el primer once titular en Liga. Después, el navarro ha ido entrando, pero con calzador y en diversas posiciones que no le benefician tanto. Al toto le gusta más jugar con Unai López, Muniain, Susaeta y Williams. Pero arriba no le caben todos y tienen que caber. Tal vez por eso el rejonazo a Williams: "no le surge naturalmente jugar en punta". A la hora de pisar, hay callos y callos. Personalidad.


Berizzo está "tranquilo". El Athletic es diferente, no hay presión. A Valverde le daba igual calificar el "apoelazo" de decepción o fracaso, Ziganda sabía apalabrado su puesto. Otra pésima campaña (como la segunda de Bielsa) que solo le ha pasado factura al entrenador. El supuesto único autor intelectual de un batacazo tan previsible que Valverde ya quiso desentenderse antes de su tercera campaña. Compromisos personales con el presi le retuvieron, confesó. El cese de Ziganda vino acompañado de generosas renovaciones para quienes contribuyeron decisivamente a otro desastre sin consecuencias. Ninguna baja, siguen los mismos. Ni rastro de la ansiada valentía. Berizzo no va a entrar en conflicto con quien no debe, y menos en una temporada de por sí "extraña". ¡No nos parezcamos al Valencia!. Premiemos los fiascos reinterpretando la filosofía, dándoles poder a los futbolistas para otro chantaje emocional. Ahora, con querer estar ya es suficiente para abonarse al megacontrato. ¿Cómo curar esa obsesión de no convertirse en lo que ya somos?. Un club que volvió a creer que cambiando de entrenador se resolverían todas las faltas de previsión y planificación que la teórica dirección deportiva omitió durante años. Apenas fue un burdo torniquete, con Bielsa y Ziganda, para que la grangrena de un cantarín San Mamés no afectase al palco. Urrutia y Berizzo sienten el apoyo, motivo suficiente para la reflexión frente al buenismo y el relato conformista. Algo falla ahí adentro cuando -ni fracasando- nadie siente la presión por no ganar. 


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