Remiro, off the record

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Una de las excusas fundamentales, que muchos esgrimieron para justificar determinadas actitudes festivas de profesionales del Athletic en la pasada Aste Nagusia, se basaba en la interacción con el pueblo. En aplaudir y fomentar que los futbolistas -a la sazón ídolos de masas- se acercasen bailando y dando botes a los txozneros nocturnos. En este sentido, ya hice notar la paradoja de que Lezama -allí donde casi diariamente se ejercitan y son visitados por miles de aficionados- se haya ido convirtiendo en una especie de búnker inaccesible en donde hacerse una foto o rascar un autógrafo resulta cada temporada que pasa más misión imposible. Los entrenamientos a puerta cerrada son el mejor exponente de dicha contradicción que aleja a tu pueblo de los deportistas. El porcentaje de cerrojazos en lo que llevamos con Berizzo supera ya el 40% -según se publicó en el Mundo deportivo-. Bielsa lo intentó, pero desde Ibaigane le hicieron comprender que Lezama no debía convertirse en lo que es ahora, un coto privado cerrado bajo llave. Pero la historia viene del cuatrienio de Valverde. A tanto llegó la costumbre de echar al público que la improvisación y la manga ancha del club le forzaron a pedir disculpas: "pido perdón por un error mío de comunicación respecto al entrenamiento a puerta cerrada. Lo siento. No influye para nada, pero hay una parte que me gusta entrenar de otra manera".


El gustillo ha llegado a tal punto que hasta se cierran partidos amistosos en Lezama en una semana sin partido de Liga, en la que todavía muchos chavales apuran sus vacaciones y se encuentran con tres días consecutivos de castigo. Los motivos para el partidillo frente al Valladolid podrían ser: que sus jugadores continúen cogiendo el tono físico adecuado (si es que con la pretemporada más relajada de la era Urrutia no fue suficiente), probar nuevas variantes todavía no ensayadas de cara a los próximos compromisos, o dar minutos a los menos habituales. Incluso tratándose de un amistoso en Lezama, y salvo contadas excepciones, Berizzo no quiso ocultar en sus dos onces la diferencia entre titulares y suplentes. Pero sin duda, la gran novedad del amistoso fue la presencia en el once de los "titulares" del castigado Remiro. A pesar de la querencia del club por hacer debutar a porteros sin experiencia, la ausencia de Simón por la convocatoria sub-21 no forzó al técnico argentino a convocar para el amistoso al portero del Bilbao Athletic ni del Basconia. Se sobreentiende que Remiro no está apartado (ya lo hizo Bielsa y tuvo la reprimenda de la AFE) y por eso entrena con el grupo. Pero en un partido para probar y entrenar a los que sí que van convocados y no están castigados por Urrutia, ¿qué pintaba Remiro?. Podría haber jugado los noventa minutos Oleaga, por si Unai Simón se lesiona o fuese expulsado. Titular Remiro.


No llegó ni a la categoría de secreto a voces que Remiro era el elegido por Berizzo para defender la portería rojiblanca tras la salida de Kepa y la lesión de Herrerín. Lo mismo el hecho de que apartarle de las convocatorias fuese una decisión del presidente ajena al entrenador, excesivamente obediente con Ibaigane y acompañado hasta para asistir al circo del lazarillo de técnicos argentinos aterrizados en Bilbao. Por cierto, ¿dónde estaban las vacas sagradas el día del Athletic en el circo?, ¿tampoco entonces tenían los niños derecho a verles de cerca y hacerse fotos?. Solo en txoznas, claro. Volviendo a los castigos, sabemos que está pendiente una nueva reunión entre el club y el entorno de Remiro y sabemos que mientras el portero no firme lo que quiere Urrutia sus horas en Bilbao están contadas a partir de Enero. Mientras tanto, a puerta cerrada, sin el murmullo de aficionados y periodistas, Remiro ejerce de portero titular a las órdenes del aplicado Berizzo. Cabe suponer que se trate de "otra parte que apetece entrenar de otra manera", tal vez la de la vuelta de Remiro. Este Athletic se parece cada vez menos al último que ganó unas elecciones, cuando el entrenador que las decantaba se paseaba el primer día exultante por Lezama abarrotada con un niño de la mano saludando al personal, cuando se exigía dejar las puertas abiertas para que siempre corriese el aire, cuando algunas vacas sagradas se rebelaban frente a determinadas injusticias contrarias a la piña del vestuario. A Berizzo lo que pida, al resto lo justo y menos.

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