Los veinte de Ziganda

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Dos temporadas han pasado desde aquella triste aventura del Bilbao Athletic en Segunda división. Un stage, en solitario frente al desamparo provocado por la dirección deportiva del club y de Lezama, que debía haber servido para multiplicar las opciones de promoción al primer equipo de quienes tuvieron la oportunidad de competir con la zurigorri en una Segunda con aires de muchas primeras europeas en cuanto a competitividad y exigencia. La experiencia aunaba aquellas dos variables de las que tanto se discute desde el cansino plano teórico: la formación y la competición. Las consecuencias de aquel abandono, promovido desde la planificación de la plantilla y una política de cesiones ciertamente deficiente, arroja unos números insuficientes tratándose de un club eminentemente de cantera. De los veinte cachorros con más minutos de aquella plantilla, dos años después solo dos se han afianzado en el primer equipo si damos por sentado que Yeray (con menos de cincuenta partidos) y Córdoba (debutante esta pasada campaña) ya disponen de plaza fija. Dos nombres más se sumarían a este reducido grupo: Remiro (pendiente de los planes del Athletic en la portería para buscar una última cesión mientras sigue sin renovar su contrato que expira el próximo verano) y Unai López (virtualmente renovado y con una pretemporada por delante para devolverle a Berizzo la confianza de poder volver). Son cuatro de veinte cachorros con experiencia en el fútbol profesional. Escasísimo bagaje.


El grupo mayoritario, once de los veinte, ya están fuera, no solo del filial (que por cuestiones de edad y de promoción de jóvenes aún más jóvenes sería razonable) sino también fuera del Athletic. Son los casos de Markel Etxebarria, Saborit, Gil, Guarrotxena, Iriondo, Gorka Santamaría, Aketxe, Ramalho, Jon Iru, Unai Bilbao y Gorka Iturraspe. Desde el descenso a Segunda B, tan solo Saborit y Aketxe han dispuesto en el primer equipo de minutos (aunque no demasiados) para mostrar su progresión. Dos zurdos. Los nueve restantes, o no tuvieron ninguna suerte con las cesiones propuestas desde Lezama o terminaron su etapa en el filial con más pena que gloria. Si realmente hemos comprado el discurso de la exigencia para con el trabajo que se hace en la factoría rojiblanca, no debiéramos mirar para otro lado autocomplaciéndonos con que tres o cuatro suban al primer equipo por un tiempo. Se nos llena la boca recordándoles a unos pocos el esfuerzo económico que supuso su formación desde niños para reprocharles según qué comportamientos, pero parecemos pasar por alto -como si de bicocas se tratasen- el mismo trabajo y esfuerzo realizados con decenas de canteranos a los que tampoco se les brinda nada atractivo al final del camino. ¿Debemos medir su rendimiento en términos de rentabilidad económica o deportiva?, ¿por qué se gestionó tan mal la continuidad en la élite de quienes se ganaron en el terreno de juego su ascenso con el Bilbao Athletic?. 


En la lista nos quedarían otros cinco nombres. Vesga y Villalibre, con pocas o muy pocas papeletas de asegurarse un puesto en el primer equipo este verano y en puertas de otra cesión (al delantero tampoco le fue nada bien en sus anteriores intentos) y, por otra parte, Undabarrena (que termina contrato este mes y sigue sin renovar), Seguín (lastrado por lesiones) y Jurgi Oteo (que vuelve tras su cesión al Barakaldo). Es irónico que en estos últimos dos años sin fichajes, cuando muchos se enrocan frente a tanta negativa de aquellos vascos que mejorarían el nivel del primer equipo con un discurso basado en que con la cantera nos basta, aceptemos sin el mínimo rastro de autocrítica el decepcionante devenir de tantos de los nuestros. Siempre oyendo hablar de grandes camadas, de generaciones con muchísimo potencial. ¿Se acuerdan de la del ´95?. Dos años después de un gran éxito deportivo, ¿a cuántos de aquellos reconocen entre los once expulsados de Lezama?. Que no venga fulano, que salgan (palmando dinero) por decenas de Lezama. Nadie da explicaciones, nadie asume su responsabilidad. ¿Es un problema de futbolistas o de modelo?. Otro día hablamos de los Guillermo, Eraso, Albizua, Bustinza, Andoni López, Iñigo Muñoz o Sabin Merino. Ellos también forman parte de los dieciocho últimos debutantes de Lezama en el primer equipo. ¿Aceptamos por igual que lleguen y "no den el nivel" a que ni siquiera tengan ocasión de debutar?, ¿está siendo acertada y en qué parámetros la política del club con aquellos que -cedidos y/o rescindidos- salen de Lezama?. Vicente, Nolaskoain, Guruzeta, Sancet ... ¿volveremos a caer en los mismos errores?.

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