Potasio para la ciclotimia

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Dicen los expertos que la falta de potasio puede provocar: fatiga, falta de concentración, pérdida de memoria y dificultad para conciliar el sueño. Curioso. La sección más ruidosa y beligerante de la hinchada rojiblanca aduce síntomas repentinos de fatiga (será por eso que o no va a San Mamés o se marcha antes de tiempo por sistema), problemas de concentración (más pendientes de los móviles y las pipas que de animar a su Athletic), quién sabe si alguno que otro cierta dificultad para coger el sueño (incluidas las ruedas de prensa del presidente), y sobre todo una pérdida de memoria galopante acompañada de escasos niveles de sonrojo. De repente, no hay rojiblanco que se precie que no presuma de portero. Las loas y alabanzas a Kepa contrastan excesivamente con los mensajes maleducados y oportunistas de quienes se oponían hasta Enero a la renovación del ondarrutarra. Sus motivos parecen lejanos pero siguen vigentes en la hemeroteca. Kepa no había demostrado nada todavía y había flirteado con el Madrid. Qué puñeteros son el fútbol y la falta de potasio. Pues no se le ocurre a Kepa que volver a bordarlo, y para más inri de lenguaraces y martincontras en el Bernabéu de Florentino y Zidane "el visionario". Ahora sí, ahora Kepa es un grande, de repente ya tenemos porterazo de presente y futuro. Nadie le ha pitado, todos le adoran. No todas las campañas triunfan, menos mal.


La ciclotimia rojiblanca sigue batiendo récords históricos esta temporada. Sus picos más altos se alcanzan cuando la masa enfervorecida e histriónicamente disgustada no sabe cómo digerir actuaciones brillantes de su Athletic en dos partidos consecutivos fuera de casa y en estadios de postín. El argumentario falaz y tramposo de elogiar a los futbolistas y al club en general cuando se gana y se convence para presumir, mientras se lapida con insultos y descalificaciones varias a Ziganda en los empates, el sinsentido se observa con mayor nitidez tras las exhibiciones de Villarreal y Madrid. Ni un solo comentario reconociendo ni el planteamiento ni la puesta en escena del mismo entrenador al que le venía grande la categoría con la misma vara ajusticiadora de medir de derrotas y empates. Ponderar hasta la exageración y la sátira descarnada los fallos para obviar las más que inusuales dificultades de una campaña muy atípica y pasar por alto los aciertos. El partido del Miércoles empezaba con palos por alinear a fulano y mengano, y terminaba con el reconocimiento solo para algunos futbolistas. La campaña no ceja en su empeño. En cambio, la respuesta de Ziganda sigue siendo lo ejemplar, respetuosa y paciente que otros compis de profesión no practican en otros clubes de primera. A algunos se les reconoce la cintura y la educación, a otros como mucho se les presupone para restarle el mismo decoro y sentido de club. El "gure estiloa" no se vende, se ejerce.


Y que no falte potasio para recordar la batería interminable de errores arbitrales groseros, de esos que o bien cuestan puntos o bien entorpecen excesivamente la faena para conseguirlos. Por no remontarnos muy atrás recordemos: el fuera de juego en el primer gol del Barcelona que se traga el asistente de Jaime Latre, los penaltys que no quiso ver Del Cerro contra el Celta así como las tarjetas retiradas a Williams e Iñigo Martínez, el pisotón de Bacca a Núñez en el gol del Villarreal que tampoco vio Iglesias Villanueva, y qué decir del gol en fuera de juego de Ramos o la mano de Carvajal dentro del área merengue que Martínez Munuera decidió ignorar continuando con la tradición gravosa del Bernabéu. Con otros técnicos se exigía la actuación inminente de Urrutia para protestar por el rebasamiento de vasos mucho más pequeños. Ahora no. Los de la voz alta y el gatillo fácil desde verano están más pendientes de llevar sus causas personales hasta el final en lugar de defender la del Athletic, la que sí que nos aglutina a todos, incluidos Kepa y Ziganda. Nos hartamos antes de empezar cuando hace no tanto negábamos el fracaso sistemático, ni teniéndolo delante de los morros. Dirigentes y palmeros creyeron que los indicios y las señales durante el valverdismo solo formaban parte del paisaje de unos cuantos críticos incómodos. Es hora de gestión, aunque tarde y mal. Para el resto, mucho potasio y paciencia. Nos harán mucha falta, a todos.

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