Más allá de Ziganda

|

Whatsapp entradas


La sombra del fin de ciclo planea sobre el Athletic. El tsunami de esta deriva, anterior a Ziganda, de poco fútbol y una gestión deportiva ciertamente deficiente ha empezado a abrir los ojos de quienes lo veían todo perfecto hasta anteayer. Una parte de San Mamés evidenció su hartazgo, pero sería conveniente plantearse si los pitos y los pañuelos del pasado Jueves solamente son imputables al último en llegar. La cuestión es que, con Ziganda deshauciado públicamente por su presidente y en el terreno de juego por sus jugadores, casi todo el debate instalado en la masa social gira entorno al siguiente proyecto deportivo. Aferrado a los estatutos, Urrutia no se plantea otra que gestionarlo él mismo hasta el último día de su mandato, abocando al Athletic a una segunda temporada de transición. ¿Cómo?, pues rescindiendo a Ziganda en Junio y fichando a un entrenador para una única temporada, como mucho. El último entrenador de la "era Urrutia" conviviría durante la segunda vuelta de la temporada con un presidente ganador de las elecciones con otro técnico como cabeza de cartel de su nuevo proyecto. No hace falta remontarse mucho en el tiempo para recordar cómo acabó Valverde en su primera etapa con Lamíkiz en Ibaigane deseoso de cambiarle por Mendilibar. Todo empieza y acaba en Urrutia. Debería convocar elecciones en Junio para que el club pueda armar desde entonces un nuevo proyecto a medio - largo plazo. Sin hipotecas ni cortapisas. ¿Por qué nadie, por "amor al club", se lo exige al presi como a Ziganda?.


En cuanto a Ziganda, algunos nos quedaremos con las ganas de haber podido comprobar los límites de este proyecto si el navarro hubiera podido contar desde el principio con todos sus efectivos. La conclusión principal del fulminante fracaso del Cuco radica en la falta de confianza de su propio vestuario. Ziganda acabará la temporada con la misma sensación con la que Mendilibar tuvo que abandonar el barco, con la espalda de sus futbolistas por delante. Son muchos los que le exigen -hace meses- la dimisión, a sabiendas de que Urrutia no la "forzará" hasta Junio. En la hemeroteca de recientes dimisionarios/renunciantes aparecen: Jabo Irureta -Marzo de 1995- "tras consultar (el presidente Arrate) a los miembros de su directiva y a varios jugadores emblemáticos de la plantilla {...} lamentando una vez más la beligerancia del entorno que ha rodeado sus nueve meses de gestión en el Athletic y que motivaron en la pasada noche su decisión de dimitir (El País)". Y Luis Fernández -Abril del 2000- con un año de contrato y renovado por Arrate "comunicó la renuncia del técnico a continuar la próxima temporada, después de que el Athletic consiguiera en el Vicente Calderón una victoria ilusionante. Todo un contrasentido diplomático (El País)". Ni Amorrortu (como interino) ni Txetxu Rojo (como relevo) mejoraron en exceso a sus antecesores. El cumplimiento forzoso de un mandato caduco y agotado precipita al club, en ocasiones, a un final aún peor. El caso "Urrutia - Ziganda" recuerda y mucho al de "Arrate - Luis Fernández", ambos unidos por contrato hasta fin de mandato pero sin llegar a término.


Pero no solamente afecta al banquillo el discutible empecinamiento de Ibaigane. Mucho habría que purgar del trabajo de la dirección deportiva, encabezada por Urrutia y Berasategi tras el sigiloso "paso atrás" de Amorrortu. De quien, por cierto, no son pocos los que piden su finiquito ante la ausencia de explicaciones. Dos años sin fichajes y los movimientos en estos dos últimos mercados, con varias renovaciones desorbitadas muy por encima -en varios casos- del valor de mercado y con fichajes en diferido, han condicionado en exceso la regeneración y la competitividad en una plantilla preocupantemente envejecida para los momentos importantes (siete futbolistas por encima de los treinta años en Marsella) y con unos cuantos "viejos rockeros" al borde de una despedida tan urgente como alargada en el tiempo gracias a la filosofía del club. El Athletic necesita un reset que va mucho más allá de Ziganda. El club debe repensarse con una nueva dirección ejecutiva de capaces con ideas y un nuevo enfoque en las relaciones institucionales, con el entorno y la prensa. Con un primer equipo gestionado por una dirección deportiva sensata, transparente y proporcional. Con un Bilbao Athletic ambicioso de ascender para quedarse, y un cuerpo de formadores de primer nivel en las categorías inferiores de Lezama. El proyecto Urrutia ha terminado. ¿Debe el Athletic prolongar su agonía otra temporada más?. Una parte de San Mamés dictó sentencia, ¿se habrán dado todos por aludidos?.

EDITORIAL

ÚLTIMO PODCAST

ÚLTIMA ENTREVISTA